jueves, 23 de julio de 2009

Participantes a la Reunión de Coordinación del CELAM

Misiva del CELAM al Papa Benedicto XVI

Durante la reunón de coordinación del Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM, que se reune en Bogotá, la presidencia en pleno de este organismo eclesial continental, suscribió a su Santidad Benedicto XVI, el siguiente mensaje con motivo de la celebración eclesial del Año Sacerdotal y de la publicación de la encíclica "Caritas in Veritate":

Bogotá, 22 de julio de 2009

Santo Padre
Benedicto XVI
Ciudad del Vaticano

Beatísimo Padre:

La Presidencia del CELAM y responsables de los diversos organismos del CELAM, reunidos en Bogotá, para celebrar la tercera Reunión General de Coordinación del presente cuatrienio 2007-2011, filial y respetuosamente le saludamos para expresarle nuestra comunión y nuestra gratitud.

El mes pasado la Presidencia del CELAM tuvo un significativo encuentro con Usted. En él le manifestamos la marcha de las tareas que el CELAM ha realizado para promover y para auxiliar a las Conferencias Episcopales de América Latina y El Caribe en la animación y ejecución de la Misión Continental.

En estos días hemos orientado los programas en la perspectiva del Año Sacerdotal que Usted ha tenido a bien declarar el pasado 19 de junio. Consideramos una gracia el centrar nuestra mirada en el sacerdocio ministerial e intensificar nuestra atención hacia nuestros sacerdotes, indispensables colaboradores en nuestra responsabilidad pastoral

Le manifestamos también nuestra profunda gratitud por la reciente Encíclica “Caritas in Veritate” que será una luz orientadora para responder al gran desafío de vivir en nuestro continente los valores del evangelio y poder desarrollar una sociedad más justa y fraterna, de forma que alcancemos la meta señalada por Usted en Aparecida, ser no solo el continente de la Esperanza sino también el continente del Amor.

Santo Padre, reciba el testimonio de nuestra comunión y sepa que pedimos a Dios, nuestro Padre, que lo guíe, fortalezca y lo mantenga en salud para que continúe conduciendo la Iglesia con el acierto y la sabiduría propios del Espíritu de Jesucristo, el Señor.

Pidiéndole su Bendición Apostólica para el Consejo Episcopal Latinoamericano

Con afecto filial,

+ Raymundo Damasceno Assis
Arzobispo de Aparecida, Brasil
Presidente del CELAM

+ Baltazar Enrique Porras Cardozo
Arzobispo de Mérida, Venezuela
Primer Vicepresidente del CELAM

+ Andrés Stanovnik, OFM.Cap.
Arzobispo de Corrientes, Argentina
Segundo Vicepresidente del CELAM

+ José Leopoldo González González
Obispo Auxiliar de Guadalajara, México
Secretario General del CELAM

+ Emilio Aranguren Echeverría
Obispo de Holguín, Cuba
Presidente del Comité Económico del CELAM

El CELAM y el Año Sacerdotal

Durante la reunón de coordinación del Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM, que se reune en Bogotá, la presidencia en pleno de este organismo eclesial continental, suscribió al Eminentísimo Señor Cardenal GIOVANNI BATTISTA RE,Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, el siguiente mensaje con motivo de la celebración ecelsial del Año Sacerdotal:

Eminentísimo Señor Cardenal
GIOVANNI BATTISTA RE
Prefecto de la Congregación para los Obispos
Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina
Ciudad del Vaticano


Eminentísimo Señor Cardenal:

Reciba un afectuoso saludo en Cristo Jesús, de la Presidencia y de los Obispos participantes en la Reunión General de Coordinación del CELAM.
.
Del 21 al 23 de julio estamos realizando en la ciudad de Bogotá, Colombia, la Reunión General de Coordinación, en la que hemos reflexionado y profundizado sobre el Año Sacerdotal y los retos y desafíos que nos plantea Aparecida, a través de la gran Misión Continental. Durante la Reunión, los Departamentos y Centros nos hemos preocupado por planear la segunda parte del cuatrienio que se prolonga hasta mayo de 2011.

La Presidencia del CELAM, los Presidentes de Departamentos y Directores de los Centros, los Responsables de las Secciones, el Consejo económico, los miembros de la Comisión Ad hoc de la Misión Continental, queremos expresar nuestra comunión con el Santo Padre, con la Iglesia Universal, con Su Eminencia y a la vez manifestar nuestro deseo de vivir intensamente este año de gracia, dedicado a la renovación sacerdotal: “fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”

Con aprecio y gratitud,

+ Raymundo Damasceno Assis
Arzobispo de Aparecida, Brasil
Presidente del CELAM + Baltazar Enrique Porras Cardozo
Arzobispo de Mérida, Venezuela
Primer Vicepresidente del CELAM

+ Andrés Stanovnik, OFM.Cap.
Arzobispo de Corrientes, Argentina
Segundo Vicepresidente del CELAM + José Leopoldo González González
Obispo Auxiliar de Guadalajara, México
Secretario General del CELAM

+ Emilio Aranguren Echeverría
Obispo de Holguín, Cuba
Presidente del Comité Económico del CELAM

Menasaje del CELAM al Arzobispo de Honduras

Durante la reunón de coordinación del Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM, que se reune en Bogotá, la presidencia en pleno de este organismo eclesial continental, suscribió al Arzobispo de Tegucigalpa, Monseñor Oscar Andrés Rodríguez Madariaga,el siguiente mensaje:

Bogotá, 22 de julio de 2009


Emmo. Sr. Cardenal
OSCAR ANDRÉS RODRÍGUEZ MARADIAGA
Arzobispo de Tegucigalpa
Presidente de la Conferencia Episcopal
Honduras, C.A.


Eminentísimo Señor Cardenal:

La Presidencia del CELAM y los Obispos participantes en la Reunión General de Coordinación del Consejo Episcopal Latinoamericano, realizada en Bogotá del 21 al 23 de julio del año 2009, hemos estado pendientes de la difícil situación por la que atraviesa el querido país de Honduras y la Iglesia que peregrina en esa querida nación.

Queremos hacer llegar a su Eminencia nuestro saludo fraterno y sincera manifestación de solidaridad. Hemos puesto ante el altar del Señor nuestra plegaria por su Eminencia, por los miembros de la Conferencia Episcopal y por todo el pueblo hondureño para que el Señor de la vida les de sabiduría y valor necesario en forma tal que, utilizando los medios constitucionales, a través de un diálogo sincero, se consolide la paz y la reconciliación deseada por todos.

Quiera el Señor Jesús y su Santísima Madre, Nuestra Señora de Suyapa, Patrona de Honduras, acompañar a esta Iglesia particular en este momento difícil de su historia.

Dios guarde a su Eminencia.

+ Raymundo Damasceno Assis
Arzobispo de Aparecida, Brasil
Presidente del CELAM + Baltazar Enrique Porras Cardozo
Arzobispo de Mérida, Venezuela
Primer Vicepresidente del CELAM

+ Andrés Stanovnik, OFM.Cap.
Arzobispo de Corrientes, Argentina
Segundo Vicepresidente del CELAM + José Leopoldo González González
Obispo Auxiliar de Guadalajara, México
Secretario General del CELAM

+ Emilio Aranguren Echeverría
Obispo de Holguín, Cuba
Presidente del Comité Económico del CELAM

miércoles, 22 de julio de 2009

Discípulos y misioneros para el continente de la esperanza

La opción para Jesús nos llame por el nombre

Con una eucaristía ofrecida por las mujeres de América Latina, se inició el segundo día del Encuentro de Coordinación del Consejo Superior Latinoamericano, CELAM.

En su homilía, Monseñor José Leopoldo González González, secretario General del CELAM, dijo que un ejemplo que se debe imitar en el Continente y en el Caribe, es el de la conversión y discipulado que vivió María Magdalena, los mismos requerimientos que hace Aparecida a las mujeres y hombres de la Región.

En tal sentido, Monseñor González dijo que el CELAM es un organismo de servicio y quienes trabajan allí, obispos, sacerdotes, religiosas y laicos, deben descubrir cómo deben atender las diversas necesidades de un continente que continúa llorando y buscando misioneras y misioneros; discípulas y discípulos del Señor, que pregunten, escuchen y compartan sus experiencias de vida, para que Jesús resucitado les llame por el nombre, como le sucedió a María Magdalena.

Ella, María Magdalena, es un verdadero ejemplo de conversión que nos lleva a Jesús; que nos invita a buscar un nuevo modo de encontrar la presencia del Señor y a amarle siendo sus testigos en donde quiera que nos encontremos, finalizó monseñor José Leopoldo González González su reflexión.

martes, 21 de julio de 2009

Coordinación General del CELAM: saludo inaugural

Palabras de Monseñor Raymundo Damasceno Assis
Arzobispo de Aparecida, Brasil y Presidente del CELAM,
en el acto de instalación de la Tercera Reunión de Coordinación General

Muy estimados Señor Cardenal, señores Arzobispos y Obispos,
muy queridos sacerdotes y laicos del CELAM que nos acompañan!

Por tercera vez en este cuatrienio nos encontramos para una reunión de Coordinación General. Al comenzar quisiera saludar especialmente a los nuevos Señores Arzobispos que acaban de recibir el palio en Roma para la fiesta de San Pedro y San Pablo. Saludar a Mons. Carlos Aguiar, a Mons. Víctor Sánchez y a Dom Sergio da Rocha. El Santo Padre al entregarles el palio de pastor, recordó que el mismo Jesús, nuestro gran Pastor, se hizo también oveja, para poder conducir a las suyas en primer lugar a través de su propio ejemplo y su entrega por su pueblo. A Uds. le deseamos esa gracia muy especial.

En particular, quisiera saludar también a nuestro nuevo Secretario General, Mons. Leopoldo González, obispo auxiliar de Guadalajara, Mx, elegido en la Asamblea Ordinaria de mayo, realizada en Managua, para reemplazar a Mons. Víctor Sánchez cuando fue nombrado Arzobispo de Puebla. Mons. Víctor seguirá colaborando con el CELAM como Obispo Responsable del Observatorio Pastoral. Nos alegramos que Mons. Leopoldo ya comience su instalación acá en Bogotá que sólo podrá completar después de dejar su cargo de Secretario General de la Conferencia Episcopal de México en noviembre próximo. Será un especial aporte a la conducción global del CELAM.

Un saludo particular de bienvenida al P. Augusto Ríos, del presbiterio de Managua y adjunto de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, que viene llegando para asumir la Secretaría Ejecutiva del Departamento Familia y Vida, juventud incluido, cuyo Presidente es Mons. Leopoldo Brenes, su propio Arzobispo. Muchas gracias a los dos por su disponibilidad para colaborar directamente en el CELAM. Muchas gracias Mons. Leopoldo por la renuncia que esto significa para su Arquidiócesis.

Al expresarle nuestra bienvenida al P. Augusto Rios, no puedo dejar de expresar nuestro dolor por la partida del P. José Antonio Díaz, sacerdote argentino, de la diócesis de Catamarca, que ha sido hasta ahora el Secretario Ejecutivo del Departamento Familia y Vida y que a petición de su Obispo actual Mons. Urbané nos dejará próximamente. El ha estado cuatro años al servicio del CELAM. Dos en el cuatrienio anterior y dos en este. Su actual Obispo reclama su regreso acabado el período de su contrato. A su Obispo, Mons. Miani, ya emérito, y a Mons. Urbané, le agradecemos su importante aporte al CELAM. Al P. José Antonio tenemos que agradecerle su valioso servicio de estos años. Sin duda que él mismo debe haber aprendido mucho, pero también ha sabido regalar su trabajo con gran espíritu eclesial, dentro de un área extremamente sensible hoy día y en la convivencia interna del CELAM, su entereza, disponibilidad, pensamiento abierto, juicio hondo y ponderado. Los Obispos, sacerdotes y laicos que han estado en contacto con él como Secretario Ejecutivo del CELAM, han apreciado mucho su presencia y servicios. P. José Antonio, muchas gracias y que sigas sirviendo así a la Iglesia en tu diócesis o donde el Señor te llame.

Quisiera también muy personalmente despedir en esta ocasión al señor Eduardo Peña que próximamente nos dejará porque ya ha alcanzado su edad de jubilación. El ha trabajado casi 19 años en el CELAM en los más diversos cargos: Secretario Ejecutivo del Departamento de laicos y Jefe de Personal, Administrador y Vice-Rector Pastoral del ITEPAL y los últimos 10 años como Director del Centro de Publicaciones. Esta enumeración de tareas muestra como la persona del señor Peña ha sido de alta confianza dentro del CELAM, hemos apreciado mucho sus capacidades, espíritu de colaboración y eficiencia y, sin duda, ha sido un pilar en el desarrollo del CELAM en los últimos veinte años. A él le agradecemos de corazón en esta ocasión su gran espíritu y lealtad eclesial y sólo podemos desearle que el Señor, a él y su familia, le siga conduciendo por sus caminos.
De nuestras diversas actividades de Presidencia sólo quisiera mencionar una. Esta es, nuestra visita a Roma del 3 al 6 de junio. Obviamente, la más importante para nosotros fue la visita al Santo Padre con quienes compartimos unos minutos de gran cordialidad y sencillez. De nuestra parte le expresamos cercanía en todos los momentos ingratos que ha debido vivir en este tiempo y nos detuvimos algo en el desarrollo de la Misión Continental. El Santo Padre nos siguió con mucha atención y comentó uno a uno todos los asuntos que le tocamos.

En esos días alcanzamos a hacer 12 visita diversos dicasterios. Al menos en tres dicasterios nos comentaron la participación de un ex miembro de UNICEF que en un encuentro sobre Pastoral de la Niñez organizado por el CELAM. Uno de los participantes comunicó esto en varias direcciones dando la impresión de que el CELAM estaba cerrando convenios de colaboración con UNICEF. Esto es totalmente errado pero fue la impresión que provocó. No estaría mal que entre nosotros comentáramos este hecho.

También en Roma, pudimos visitar y compartir una Eucaristía en el Colegio Pio Latinoamericano con motivo de la clausura de de la celebración de los 150 años de su inicio. Entre visita y visita pudimos visitar en el hospital al Cardenal Lozano Barragán y visitamos en su casa al Cardenal Etchegaray.

Por delante tenemos tres días de trabajos muy importantes. Prácticamente debemos hacer ahora la planificación para el año 2010 y hasta mayo del 2011, cuando termina nuestro Plan Global y nuestro servicio directo al CELAM en este cuatrienio.

Este Plan Global nos confío una tarea muy rica y nada fácil. Se trataba de ayudar a todas nuestras Conferencias Episcopales e Iglesias particulares en la proyección de la Conferencia General de Aparecida para que nuestros pueblos tengan más y mejor vida.

La forma de proyección de este acontecimiento eclesial, destacado por la presencia del Santo Padre y realizado en casa de Nuestra Señora Aparecida, un auténtico evento de Cenáculo, se decidió allí como una Misión Continental. Esta Misión Continental quería captar el momento de discernimiento, de gracia, de cercanía y responsabilidad por nuestro pueblo, que se vivió allí.

El objetivo último de la Misión Continental es llevar a la Iglesia, al Pueblo de Dios, a todos, a una vida más discipular ante su Señor y establecerla en una actitud misionera permanente. Sin duda que este objetivo no es cosa de simples cuatro años sino de muchos más. Nuestra intención ha sido el ayudar a poner en marcha esta “conversión eclesial”, animarla y sostenerla para que de sus frutos. Al inicio del 2008 publicamos un librito orientador “La Misión Continental para una Iglesia Misionera”. La Comisión ad hoc ha preparado ahora un segundo librito, “Itinerario de la Misión Continental”.

Hay dos aportes muy importantes del Santo Padre que quisiéramos recoger para ahondar en la misma Misión Continental. Uno es el Sínodo de la Palabra celebrado a fines del año pasado y que fortalece una inquietud central de Aparecida. Como Presidente del CELAM tuve el privilegio de participar en el mismo. El otro es el de la proclamación que ha hecho el Papa de un Año Sacerdotal, apoyándose en la figura del santo Cura de Ars, de quien se conmemora los 150 años de muerte. En esta convocación el Santo Padre ha querido destacar el inmenso valor del llamado sacerdotal, su santidad y alegría, así como el inmenso servicio que presta a la Iglesia y a la sociedad actual. En el trasfondo de este Año Sacerdotal sin duda que están también las deficiencias y escándalos de unos pocos ministros sagrados, sobredimensionados por los Medios de Comunicación, que si bien son casos aislados no dejan de causar mucho sufrimiento a todo el cuerpo de la Iglesia y afecta el testimonio fiel y generoso de la gran mayoría de sus ministros. Queremos acoger la petición de oración de Mons. Carlos Collazi por la Iglesia de Uruguay.

Queremos agradecer el Santo Padre Benedicto XVI por su tercera encíclica, Caritas in Veritate. La actual crisis economica y financera es sobretodo una crisis ética, una crisis de valores que antepone el lucro exagerado, la ganancia, a la dignidad de la persona humana, al servicio de la cual debería orientarse toda actividad politica y economica. En la medida que profundicemos la encíclica, todos deberemos tener presente sus directrices, en particular, el Departamento de Justicia y Solidariedad, como una fuente de enriquecimiento de nuestras actividades.

En nuestras oraciones en estos días no queremos olvidar algunas de nuestros Iglesias que peregrinan, sirven y sufren en varios de nuestros pueblos que hacen un camino difícil y conflictivo en sus historias. Baste con mencionar en estos días a la Iglesia en Honduras y no olvidar los incidentes que ha vivido la Iglesia en Bolivia. Por eso nos alegra la presencia del Señor Cardenal Julio aquí.

Deseamos que la Sma. Virgen, N. Sra de Guadalupe, con las advocaciones que tienen hondo arraigo en nuestras historias que se encaminan a los Bicentenarios de sus autonomías, esté con nosotros para vivir este nuevo encuentro nuevamente como un Cenáculo. Que el Espíritu Santo nos ilumine y nos impulse en nuestra misión evangelizadora.

Identidade sacerdotal e formaçao inicial e permanente à luz documento de Aparecida

Por: Monseñor Sergio da Rocha
Arcebispo de Teresina (Brasil) e
Presidente do Departamento de Vocações e Ministérios do CELAM


1. A formação de presbíteros “discípulos missionários de Jesus Bom Pastor”
O Documento de Aparecida considera a “identidade teológica do ministério presbiteral” como o “primeiro desafio”(193) ou a primeira das “situações que afetam e desafiam a vida e o ministério dos presbíteros”(192). Para tanto, ao tratar explicitamente desta questão, situa o “sacerdócio ministerial” em relação ao sacerdócio de Cristo, alertando para que o presbítero não seja considerado “somente mero delegado ou representante da comunidade” (193).
Ao longo do texto, vários outros elementos configuram a compreensão da identidade presbiteral, em Aparecida, que pode ser resumida na rica expressão: “presbíteros, discípulos missionários de Jesus Bom Pastor” (5.3.2). A ênfase de Aparecida no discipulado e na missão, válida para todos os batizados, tem sua especificidade na formação sacerdotal. ”A espiritualidade que se promove deverá responder à identidade da própria vocação, seja diocesana ou religiosa” (319). A formação permanente deve “privilegiar a espiritualidade específica” dos sacerdotes (200). Todos são chamados ao discipulado e a missão, mas nem todos do mesmo modo. A expressão “discípulos missionários com vocações específicas” (5.3) contempla a rica diversidade das vocações e, por conseqüência, a necessidade de se considerar o específico de cada vocação, condição indispensável para o discernimento vocacional e a orientação do processo formativo.
A identidade e missão dos presbíteros são compreendidas “`a imagem do Bom Pastor”, mediante a “caridade pastoral, fonte da espiritualidade sacerdotal”, que “anima e unifica sua vida e ministério” (198). Aparecida enfatiza a “necessidade” de “presbíteros-discípulos”, “presbíteros-missionários”, “presbíteros-servidores da vida”, “presbíteros cheios de misericórdia” (199), assim como, de “párocos, animadores de uma comunidade de discípulos missionários” (201). Ó presbítero “é chamado a ser homem de misericórdia e compaixão, próximo a seu povo e servidor de todos, particularmente dos que sofrem grandes necessidades” (198). Por isso, o processo formativo a ser oferecido, com suas várias dimensões, deve ser “centrado em Jesus Cristo Bom Pastor” (319).
Ao lado desta referência fundamental ao Bom Pastor e à caridade pastoral, é indispensável na identidade presbiteral o cultivo do amor pela Igreja Particular, exercendo o seu ministério “em comunhão com o bispo e demais presbíteros da diocese” (195), de modo a “valorizar a pastoral orgânica e se inserir com gosto em seu presbitério” (cf. 198). Assim sendo, ao empregar os termos “presbítero” e “presbiteral” na compreensão da identidade sacerdotal, Aparecida realça a importância da pertença ao “presbitério”, da comunhão fraterna e da inserção na diocese.

2. A formação sacerdotal numa Igreja em estado permanente de missão
Formar discípulos missionários numa Igreja em estado permanente de missão é a perspectiva central de Aparecida, a partir da qual brotam as demais orientações pastorais e as propostas para a formação sacerdotal. O Documento afirma que “os seminários e as casas de formação constituem espaço privilegiado – escola e casa – para a formação de discípulos e missionários” (316). A formação permanente dos presbíteros também deverá ser programada nesta perspectiva.
Os números de Aparecida que se referem explicitamente aos seminários e casas de formação (314-327) estão justamente no capítulo VI, intitulado “O caminho de formação dos discípulos missionários” (240-346), sendo precedidos pelo tema iluminador sobre “o processo de formação dos discípulos missionários” (276-285). À luz do que aí se apresenta, fica muito claro que a finalidade da formação nos Seminários não é simplesmente a de formar padres executores de tarefas ou apenas capacitar para a prática pastoral, mas é, acima de tudo, a de formar presbíteros, que sejam verdadeiros discípulos missionários. O seminário deve proporcionar a vivência cotidiana do discipulado em vista da missão, formando discípulos missionários com o coração do Bom Pastor. A “firme decisão missionária” proposta por Aparecida “deve impregnar todas as estruturas eclesiais (....), qualquer instituição da Igreja” (365); portanto, inclui os seminários e casas de formação. A ênfase nesta perspectiva missionária implica em conceber a formação pastoral dos futuros e atuais presbíteros como formação pastoral-missionária.
Embora os aspectos do discipulado e da missão já fossem contemplados antes de Aparecida, aí os encontramos de modo explícito e com tal ênfase, que se tornam critérios fundamentais para avaliação da formação oferecida. Fazer discípulos missionários, no contexto da vocação sacerdotal, torna-se critério de discernimento e avaliação do trabalho desenvolvido no seminário. Por isso, temos a tarefa de rever ou aprofundar as metodologias em curso, de modo a concretizar ou revitalizar este novo-antigo horizonte no conjunto da formação sacerdotal.



3. Formar presbíteros “discípulos” de Jesus Cristo: o processo formativo como discipulado
Para se formar presbíteros pastores e missionários, é preciso formar discípulos, que façam a experiência do encontro com Cristo, no dia-a-dia do Seminário, percorrendo um itinerário de formação marcado pela conversão e pela comunhão fraterna em vista da missão. “’É fundamental que durante os anos de formação os seminaristas sejam autênticos discípulos” (319). Aparecida destaca cinco aspectos do processo de formação dos discípulos missionários que podem iluminar e orientar também as diversas etapas do caminho da formação sacerdotal: “o encontro com Jesus Cristo, a conversão, o discipulado, a comunhão e a missão” (278).
O seminário, antes de ser escola que ensina a fazer discípulos, deve ser casa e escola de vivência do discipulado, através da experiência de convivência dos discípulos com o Mestre e de convivência fraterna entre discípulos. O discípulo se define em primeiro lugar pela referência ao Mestre, do qual se torna seguidor, em tempo integral, através da convivência pressuposta no “Vinde e vede” (Jo 1,39). Para possibilitar um autêntico discipulado, o seminário deverá proporcionar um “verdadeiro encontro pessoal com Jesus Cristo na oração com a Palavra, para que estabeleçam com Ele relações de amizade e amor” (319). Assim como na catequese, a finalidade da formação é “colocar alguém em contato com Jesus Cristo” (288) e não apenas colocar em contato com idéias, pois o que se quer é formar testemunhas, anunciadores, não de meras idéias, mas daquele que é “o Caminho, a Verdade e a Vida”. Assim sendo, a formação espiritual ocupa lugar central no itinerário a ser percorrido.
Entretanto, o apelo à experiência não deve levar a um paradigma subjetivista, onde o sentimento e o psiquismo são sobrevalorizados. Atitudes concretas de conversão e vida nova expressam a autenticidade da experiência do encontro com Cristo.
Além disso, é necessário explicitar o aspecto da comunhão fraterna inerente ao discipulado. “A Igreja necessita de sacerdotes e consagrados que nunca percam a consciência de serem discípulos em comunhão” (324). Discípulos vivendo em comunhão, seja na comunidade formativa, seja no presbitério ou na comunidade paroquial. “O tempo da primeira formação é uma etapa onde os futuros presbíteros compartilham a vida, a exemplo da comunidade apostólica ao redor do Cristo Ressuscitado” (316). Daí, a importância da vida comunitária na formação inicial, mas também, na formação permanente. Por isso, “’é indispensável confirmar que os candidatos sejam capazes de assumir as exigências da vida comunitária, o que implica diálogo, capacidade de serviço, humildade, valorização dos carismas alheios, disposição para se deixar interpelar pelos outros, obediência ao bispo e abertura para crescer em comunhão missionária com os presbíteros, diáconos, religiosos e leigos, servindo à unidade na diversidade” (324).
Além da formação espiritual, é indispensável proporcionar a formação humano-afetiva, pois o presbítero é pessoa humana, que necessita de desenvolvimento e amadurecimento humano-afetivo. Para formar presbíteros capazes de assumir com integridade a identidade sacerdotal e exercer o seu ministério com fidelidade, torna-se cada vez mais necessária no contexto sócio-cultural em que vivemos a formação humano-afetiva. O processo formativo deverá proporcionar aos candidatos ao sacerdócio tal “amadurecimento afetivo que os faça aptos para abraçar o celibato e capazes de viver em comunhão” (317). Sendo este um dos desafios mencionados por Aparecida para a vida e o ministério presbiteral (cf. 193 e 195), é preciso continuar a dar-lhe especial atenção também na formação permanente, de modo que os presbíteros possam “assumir com maturidade a própria afetividade e sexualidade, vivendo-as com serenidade e alegria no caminho comunitário” (196).

4. Formar presbíteros “missionários” de Jesus Cristo
A formação pastoral de caráter missionário decorre da própria identidade presbiteral, sendo ainda mais exigida na Igreja em estado de missão. “As experiências pastorais discernidas e acompanhadas no processo formativo, são sumamente importantes para confirmar a autenticidade das motivações no candidato e ajudá-lo a assumir o ministério como verdadeiro e generoso serviço, no qual o ser e o agir, pessoa consagrada e ministério, são realidades inseparáveis” (322). A vivência da espiritualidade sacerdotal pelos presbíteros ocorre no exercício do próprio ministério.
É preciso capacitar os futuros e atuais presbíteros para enfrentar os desafios pastorais. Devem estar bem preparados para atuar nas comunidades paroquiais e para responder, com espírito missionário, aos desafios pastorais emergentes dos novos campos ou situações de missão. Por isso, é necessário “oferecer formação intelectual séria e profunda, no campo da filosofia, das ciências humanas, e especialmente da teologia e da missiologia, a fim de que o futuro sacerdote aprenda a anunciar a fé em toda a sua integridade, fiel ao Magistério da Igreja, com atenção crítica ao contexto cultural de nosso tempo e às grandes correntes de pensamento e de conduta que deverá evangelizar” (323). Contudo, considerando a perspectiva de formação de discípulos missionários, a capacitação pastoral jamais poderá ser concebida como simples formação de técnicos ou especialistas em práticas pastorais. A competência pastoral que se exige pressupõe a condição de discípulo missionário; não a substitui; antes, dela resulta.
Aqui se coloca a necessidade de acolhida e participação na Missão Continental, proposta pela Conferência de Aparecida (551) como ocasião privilegiada de cultivo da comunhão eclesial, da espiritualidade missionária e da formação pastoral. Os seminários e casas de formação da América Latina e Caribe não podem ficar de fora da Missão Continental; ao contrário, devem deixar-se por ela interpelar, estimulando a sua acolhida por meio da oração, do estudo e da reflexão, assim como, pela participação em atividades pastorais compatíveis com a dinâmica da vida comunitária. Os presbíteros devem se empenhar generosamente na Missão Continental.
A formação para a vivência da caridade pastoral, segundo as atitudes e sentimentos do Bom Pastor, se expressa, de modo especial, na “opção preferencial pelos pobres” (391). Considerando-se o desafio representado pelos graves problemas sociais que atingem os povos da América Latina e Caribe, é importante cultivar a experiência do encontro com Cristo “nos pobres, aflitos e enfermos” (257), aos quais os presbíteros deverão servir com especial atenção e caridade pastoral (391-399), defendendo e promovendo a vida e a dignidade inviolável da pessoa humana (464-469).
Aparecida refere-se à “formação inculturada”, considerando-se a realidade dos “jovens provenientes de famílias pobres ou de grupos indígenas” de modo a não “perder suas raízes” e para que “possam ser evangelizadores próximos aos seus povos e culturas” (325). Portanto, a delicada questão da formação inculturada é mencionada destacando-se a sua motivação pastoral, isto é, tendo como finalidade a preparação para exercer a missão evangelizadora em meios culturais específicos, a partir das próprias origens e experiências.
Os seminaristas e os presbíteros devem acolher a “conversão pastoral” (370) e a “renovação missionária” (365), propostas por Aparecida, com especial atenção e empenho. A diocesaneidade, que caracteriza a identidade do presbítero diocesano, não se opõe ou exclui a missionariedade; ao contrário, é por ela exigida e completada, a começar pela solicitude em atender as necessidades pastorais da Igreja local até chegar à disponibilidade missionária além-fronteiras da diocese, rumo à missão ad gentes, como autênticos “discípulos missionários sem fronteiras” (376).
5. A formação sacerdotal como processo permanente e integral
A visão de formação no Documento de Aparecida é claramente a de um processo gradual e contínuo, já pressuposta na noção de discipulado. “É oportuno indicar a complementaridade entre a formação iniciada no Seminário e o processo de formação que abrange as diversas etapas da vida do presbítero. É necessário despertar a consciência de que a formação só termina com a morte” (326). A formação permanente pressupõe a aceitação da condição permanente de discípulos, que começa muito antes do ingresso no seminário ou casa de formação religiosa, no próprio batismo.
A etapa anterior a entrada no Seminário e a etapa posterior são muito importantes para a formação sacerdotal. Não se pode exigir apenas da etapa do seminário. Neste processo, “ocupa lugar particular a pastoral vocacional” que muito contribui para a descoberta e o acompanhamento vocacional (314) e faz-se “urgente dedicar cuidado especial à promoção vocacional, cultivando os ambientes onde nascem as vocações ao sacerdócio e à vida consagrada” (315), “não devendo faltar orações especiais ao Senhor da Messe”, em cada diocese (314). Antes do ingresso no Seminário, tem importância decisiva uma “esmerada seleção dos candidatos que leve em consideração o equilíbrio psicológico de personalidade sadia, motivação genuína de amor a Cristo, à Igreja, e ao mesmo tempo capacidade intelectual adequada às exigências do ministério no tempo atual” (318). Antes ainda, a iniciação cristã ocupa papel condicionante no processo formativo.
Para promover a continuidade da formação sacerdotal após o período do Seminário, a Conferência de Aparecida recomenda que “as Dioceses e Conferências Episcopais desenvolvam uma pastoral presbiteral que privilegie a espiritualidade específica e a formação permanente e integral dos sacerdotes” (200).
Ao referir-se ao processo de formação dos discípulos missionários, Aparecida menciona as dimensões “humana e comunitária, espiritual, intelectual, pastoral e missionária” (cf. 280 a-d). Ao falar da formação dos futuros presbíteros, afirma que “é necessário um projeto formativo do seminário que ofereça aos seminaristas um processo integral: humano, espiritual, intelectual e pastoral, centrado em Jesus Cristo Bom Pastor” (319). Ao tratar da formação continuada dos presbíteros, Aparecida emprega a expressão “formação permanente e integral” (200).
Estas dimensões da formação correspondem a exigências essenciais da identidade e missão dos presbíteros, devendo ser conjugadas harmonicamente em cada etapa. Deste modo, evitam-se reducionismos, quando um aspecto da formação passa a ser absolutizado, segundo o perfil dos formadores ou por outros fatores particulares, em detrimento dos demais. Neste âmbito, três tarefas urgentes podem ser destacadas. A primeira refere-se à necessidade de planejar a formação permanente incluindo todas as referidas dimensões. A segunda é a de sistematizar o processo formativo nos seminários, definindo melhor os passos e as etapas a serem percorridos em cada uma das dimensões, e não apenas na formação intelectual. A terceira é a necessidade de formar formadores para a etapa do seminário e também para a formação permanente. O empenho e a responsabilidade pessoal são indispensáveis, na formação inicial e mais ainda, na formação permanente. Contudo, a formação sacerdotal requer atenção, empenho e apoio, da parte do bispo, do presbitério e das comunidades. O papel dos formadores é de máxima importância. Aparecida reconhece “o esforço dos formadores dos Seminários”, afirmando a importância do seu “testemunho e preparação como fatores decisivos para o acompanhamento dos seminaristas” (317). Por isso, reconhece também a ajuda eficaz dos “cursos de formadores que se têm implementado” (317), expressando assim estímulo para a formação dos atuais e de novos formadores.
Os formadores também são chamados a assumir a condição de discípulos missionários, aproveitando o trabalho que desempenham como ocasião privilegiada para continuar a sua própria formação nos vários níveis. Para formar presbíteros que vivam e trabalhem unidos, é fundamental o testemunho de comunhão fraterna e eclesial dos próprios formadores em meio aos formandos, demonstrado especialmente pela convivência cordial e pelo trabalho em equipe.
Neste campo de especial importância para a vida da Igreja, os formadores, assim como, os seminaristas e presbíteros, contam com o exemplo e a intercessão materna de Maria. A Conferência de Aparecida, realizada justamente no santuário mariano do mesmo nome, recomenda que “ao longo da formação”, procure-se “desenvolver amor terno e filial a Maria” (320), “discípula missionária” (266), acolhendo-a em casa, como discípulos amados do Senhor.
A formação sacerdotal, no Documento de Aparecida, merece especial atenção pela importância que aí ocupa e pela urgência do trabalho vocacional neste tempo de renovado impulso missionário da Igreja na América Latina e Caribe. Importância esta a ser reconhecida não apenas pelos que atuam neste campo da vida eclesial, mas por todos os discípulos missionários com vocações específicas, confiantes no Senhor da Messe que chama ao discipulado e envia em missão.

+ Sergio da Rocha – Arcebispo de Teresina (Brasil) e Presidente do Departamento de Vocações e Ministérios do CELAM

Vocación, formación y sacerdocio

IDENTIDAD Y MISIÓN SACERDOTAL Y ESPACIO LAICAL
En el contexto del Año Sacerdotal con la perspectiva de Aparecida sobre el sacerdocio

Por: Mons. Andrés Stanovnik
Arzobispo de Corrientes

1. La inauguración de un Año Sacerdotal interpela el servicio del CELAM en dos direcciones principales. Una va en la línea de profundizar la perspectiva de Aparecida sobre el sacerdocio; y la otra, impacta directamente sobre la animación de la misión continental. En realidad, la misión continental es el contexto pastoral providencial para asumir la reflexión y proyectar la vida y la acción de los ministros ordenados. Ellos son los portadores primeros de todo este impulso misionero .
2. Así como la misión continental pretende vitalizar el encuentro con Cristo vivo y animar la vida de santidad de todos los bautizados, para que a través de su testimonio y acción evangelizadora nuestros pueblos tengan vida en él ; así también un año dedicado a los sacerdotes es una ocasión para crecer en la intimidad con Jesús y tiene como fin poner de relieve el valor de la misión y de la santidad de los sacerdotes al servicio de la Iglesia y de la humanidad del tercer milenio .
3. Por cuanto se refiere al espacio laical, que se añade a esta reflexión, en el documento de la Misión se dice que cualquier esfuerzo misionero exige, de manera particular, la participación activa y comprometida de los fieles laicos en todas las etapas del proceso. Esto exige, de parte de los pastores, una mayor apertura de mentalidad para que entiendan y acojan el “ser” y el “hacer” del laico en la Iglesia, quien, por su bautismo y su confirmación, es discípulo y misionero de Jesucristo . Ese entendimiento y acogida es un reto de primera importancia para el identidad y misión del sacerdote, como para el fiel laico, ambos, aunque diferenciados, discípulos y misioneros de Jesucristo.
Aportes de Aparecida a la identidad y misión sacerdotal
4. En el Discurso Inaugural de Aparecida, el Papa dedicó tres párrafos a los sacerdotes. Allí los señaló como los primeros promotores del discipulado y la misión y los primeros agentes de una auténtica renovación cristiana de la vida del Pueblo de Dios . El fundamento de esta primacía está en el llamado que recibieron “para estar con Jesús y ser enviados a predicar” (cf. Mc 3,14). El sacerdote debe ser ante todo un “hombre de Dios” (1Tm 6,11), que conoce a Dios directamente, que tiene una profunda amistad personal con Jesús, no para quedarse allí, sino para comunicarlo a los otros.
5. Cuando se propuso el discipulado como tema para la V Conferencia hubo una sorpresiva confluencia de pareceres. Inmediatamente se percibió que no era posible hablar de discípulo si al mismo tiempo no se lo consideraba también misionero. Por eso, muy pronto se sintió la necesidad de suprimir la conjunción “y”, para no dejar ninguna duda sobre la indisolubilidad del binomio. Así, en el documento de Aparecida se utilizó la expresión “discípulos misioneros” en todos los títulos y la gran mayoría de las veces también en el texto. Esa indisolubilidad cabe también a la fórmula identidad y misión. No podría haber identidad propiamente hablando, si no es una identidad misionera, como no existe verdadero discípulo si éste no es discípulo misionero. El reto de no separar identidad y misión, y el discipulado de la misión, es una tarea de todos los cristianos, pero compromete especialmente a los sacerdotes por el lugar de precedencia que tienen en la comunidad.
6. En esto se juega el gran desafío de integrar ser y hacer, fe y vida, evangelio y cultura. La fragmentación cultural, que desconcierta a todos, trae dificultades para hallar un sentido unitario a la vida y para construirla en fidelidad y coherencia . Esta realidad, en la que está inserto el presbítero, afecta tanto su existencia como su ministerio, es decir, el núcleo mismo de su persona. Está en juego el sujeto en su totalidad. En realidad, la misión se fortalece cuando parte de un sujeto integrado, ya se trate de un sujeto individual o un sujeto colectivo. En otras palabras, la misión parte de la comunión y ésta a su vez se alimenta de la misión.
7. En los comienzos de la preparación de la V Conferencia, cuando se eligió el discipulado misionero como tema eje, se apuntó conscientemente al sujeto, porque se dijo que son tantos los desafíos al inicio del tercer milenio que marcan nuestra vida personal, familiar, pastoral, comunitaria y social, que queremos descender hasta llegar con profundidad al sujeto que les dará respuesta, después de encontrarse con el Señor. “Llegar a la profundidad del sujeto” es alcanzar eso punto a partir de cual se construye su identidad y misión. Para ello, en Aparecida se nos propuso a todos la perspectiva del discipulado misionero, que se origina por el encuentro con Jesucristo.
8. En resumen, la unificación integradora del sujeto parte del discípulo que se encontró con el Señor y es enviado a la misión. La principal tarea del presbítero, discípulo misionero, consistirá en unificar su existencia personal a partir del encuentro con el Señor, como experiencia que configura su misión. Pero para alcanzar esa unificación, es importante considerar qué es aquello distintivo del sacerdote que permite hablar de su identidad y misión.
9. Al respecto, Aparecida recuerda que el Concilio Vaticano II establece el sacerdocio ministerial al servicio del sacerdocio común de los fieles, y cada uno, aunque de manera cualitativamente distinta, participa del único sacerdocio de Cristo. A continuación, no se explicita en qué consiste esa distinción cualitativa. Sin embargo, enseguida advierte que el sacerdote no puede caer en la tentación de considerarse solamente un mero delegado o sólo un representante de la comunidad, sino un don para ella por la unción del Espíritu y por su especial unión con Cristo cabeza. Esa advertencia es clave para comprender el verdadero don que es el presbítero para la comunidad. Su identidad y su misión no provienen de una delegación de la comunidad y, en consecuencia, su sacerdocio no se limita al mero cumplimiento de una función. La unción del Espíritu y esa especial unión con Cristo configura su ser y su obrar, es decir, integra su persona en una totalidad. Esa especial configuración lo capacita sólo a él para ofrecer el sacrificio, el centro mismo del ministerio sacerdotal, y perdonar los pecados en nombre de Cristo (cf. PO, 2) . En ese sentido, podríamos decir que el sacerdote está llamado a ser a partir de lo que sólo él puede hacer. Lo distintivo que sólo él puede realizar configura también toda su existencia. Por lo tanto, presidir la Eucaristía y administrar el sacramento de la Reconciliación, constituyen los ejercicios principales del sacerdocio ministerial y a partir de allí adquiere sentido todo lo demás: la espiritualidad sacerdotal, la caridad pastoral, la formación inicial permanente con sus cuatro dimensiones.
10. Ahora bien, la exhortación postsinodal Pastores Dabo Vobis, recogiendo la afirmación de los Padres sinodales, afirma que la identidad sacerdotal, como toda identidad cristiana, tiene su fuente en la Santísima Trinidad. Se puede entender así el aspecto esencialmente relacional de la identidad del presbítero. Mediante el sacerdocio, que nace de la profundidad del inefable misterio de Dios, o sea, del amor del Padre, de la gracia de Jesucristo y del don de la unidad del Espíritu Santo, el presbítero está inserto sacramentalmente en la comunión con el Obispo y con los otros presbíteros, para servir al Pueblo de Dios que es la Iglesia y atraer a todos a Cristo . Ésta es la fuente de la que se nutre el presbítero discípulo misionero para madurar los aspectos vitales y afectivos, el celibato y una vida espiritual intensa fundada en la caridad pastoral. A esto se refiere Aparecida en el tercer desafío que se presenta a la identidad y misión del sacerdote .
11. En ese mismo número del documento, y en el contexto de los retos que para el presbítero conlleva para la vida de relación y el ejercicio de su ministerio, se cita una frase de Pastores dabo Vobis que clarifica aún más esa relacionalidad ontológica que lo caracteriza, donde dice que el ministerio sacerdotal que brota del Orden Sagrado tiene una “radical forma comunitaria” y sólo puede ser desarrollado como una “tarea colectiva” . ¿Qué consecuencias se derivan de estas afirmaciones para la vida y ministerio del presbítero discípulo y misionero? Hay un inmenso valor en esa dimensión comunitaria de la vivencia del ministerio sacerdotal. Si el presbítero es esencialmente un hombre en relación, la misión se convierte en un reto vital para la configuración de su identidad. De allí, toda tarea que realiza el presbítero debe tender a la comunión y a la misión, porque fluye de su experiencia de hombre que vive su existencia en comunión misionera.
12. La V Conferencia tuvo desde los inicios una clara y continua orientación hacia la misión. Con frecuencia se oía decir que no tendría sentido convocarla si ese acontecimiento no lograra imprimir un nuevo impulso misionero a la región. Ahora bien, si los primeros promotores del discipulado y la misión son los sacerdotes, a ellos se debe prestar una atención preferencial para que la misión se instale cada vez más como mentalidad y actitud permanente en nuestras comunidades. A esa especial solicitud por los sacerdotes obedeció el hecho de que uno de los primeros seminarios continentales en preparación de la V Conferencia fuera sobre el Presbiterado . En las conclusiones sobre la dimensión misionera del presbítero se dijo entonces que era necesario integrar esa dimensión en los procesos de formación del Pueblo de Dios y de todos los agentes de pastoral, entre los que se destaca en primer lugar a los candidatos al ministerio ordenado. Se dijo también que para consolidar su identidad y misión, el presbítero sabe que sin una intensa y vital relación y comunión con Cristo no es nada, por eso, su vida se llena de sentido cuando vive en un permanente proceso de “configuración con él”. La unificación entre configuración con Cristo y consagración a la misión, aparece como el centro de toda la realidad sacerdotal.
Aportes del “Año Sacerdotal"
13. Este año dedicado especialmente a los sacerdotes, puede ser un acontecimiento providencial para la misión que se está desarrollando en América Latina y El Caribe. A propósito de este año, se destacan al menos dos grandes temas que favorecen el actual momento pastoral de la región. Por una parte, la identidad y misión del presbítero como discípulo y misionero de Jesucristo, que impulsó Aparecida. Y por otra, la importancia decisiva que tiene el ministerio del presbítero, como el primer promotor de la misión continental en su comunidad.
14. En la carta de convocación de un Año Sacerdotal, el Santo Padre Benedicto XVI, dice que con este año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo. Para esa renovación interior y dirigiéndose directamente a los sacerdotes, el Papa, propone el método pastoral de san Juan María Vianney, que ilumina uno de los retos principales de la existencia del sacerdote: en primer lugar, su total identificación con el propio ministerio. En Jesús, Persona y Misión tienden a coincidir: toda su obra salvífica era y es expresión de su “Yo filial”, que está ante el Padre, desde toda la eternidad, en actitud de amorosa sumisión a su voluntad. De modo análogo y con toda humildad, también el sacerdote debe aspirar a esta identificación . Comunión y misión tienden a coincidir y se potencian recíprocamente, de lo contrario, ambas se desdibujan y terminan debilitándose.
15. Como motivación para esa renovación interior y testimonio evangélico en el mundo, el Papa coloca en el centro la figura de dos sacerdotes de extraordinaria santidad: a san Juan María Vianney y a San Pío de Pietrelcina. Al Cura de Ars, con motivo de cumplirse el sesquicentenario del dies natalis del Santo Patrón de los Párrocos del mundo, que con su ferviente vida de oración y su apasionado amor a Jesús crucificado, alimentó su entrega cotidiana sin reservas a Dios y a la Iglesia. Con su ejemplo –escribe el Papa a los sacerdotes– déjense conquistar por él y serán también ustedes, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz . Y en la homilía de inauguración del Año Sacerdotal, el Santo Padre pide al Señor que inflame el corazón de cada presbítero con la «caridad pastoral» capaz de configurar su «yo» personal al de Jesús sacerdote, para poderlo imitar en la entrega más completa” . En tanto, mientras encomiendo a San Pío de Pietrelcina este acontecimiento, invita a contemplar en él al sacerdote, cuya primera preocupación, su anhelo sacerdotal y paterno, fue siempre que las personas volvieran a Dios, que experimentaran su misericordia y, renovadas interiormente, redescubrieran la belleza y la alegría de ser cristianas, de vivir en comunión con Jesús, de pertenecer a su Iglesia y practicar el Evangelio . Si añadimos a esta motivación el lema que inspira la celebración de este año: “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”, podemos advertir una fuerte motivación a recrear la vocación a la santidad del presbítero, que consiste en una intimidad más profunda con Jesús y una renovada disposición a dar la vida “hasta el extremo”.
16. El Cardenal Humes, prefecto de la Congregación para el Clero, anunció en su Carta a los Sacerdotes que el año dedicado a ellos es una ocasión para un período de intensa profundización de la identidad sacerdotal, de la teología sobre el sacerdocio católico y del sentido extraordinario de la vocación y de la misión de los sacerdotes en la Iglesia y la sociedad. En esa carta, el Cardenal prefecto propone, ante todo, que sea un año positivo y propositivo, en el que la Iglesia reconoce con gratitud el trabajo pastoral y el testimonio de vida de sus sacerdotes y se muestra orgullosa de ellos. A continuación, enumera una serie de iniciativas para profundizar y vivir intensamente este período, como por ejemplo: encuentros de estudio, jornadas de reflexión, ejercicios espirituales específicos, conferencias y semanas teológicas en nuestras facultades eclesiásticas, además de estudios científicos y sus respectivas publicaciones. La carta abunda en otras propuestas que conviene tener en cuenta para nuestra planificación . Podríamos agregar también un oportuno rescate y relectura de sacerdotes latinoamericanos y caribeños que se destacaron por la santidad de su vida.
Sacerdocio y espacio laical
17. En el Discurso Inaugural de Aparecida, además de dedicarles un espacio a los sacerdotes, el Papa se dirigió explícitamente a los laicos y les recordó que deben sentirse corresponsables en la edificación de la sociedad según los criterios del Evangelio, con entusiasmo y audacia, en comunión con sus pastores. Hace poco más de un mes, el Obispo de Roma, dirigiéndose a la asamblea de su diócesis, dijo que la corresponsabilidad de los laicos debe promoverse aun dentro de la Iglesia, mejorando los planes pastorales para que, respetando las vocaciones y las funciones de los consagrados y de los laicos, se promueva gradualmente la corresponsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios. Esto exige un cambio de mentalidad –aseveró el Papa– en particular por lo que respecta a los laicos, pasando de considerarlos «colaboradores» del clero a reconocerlos realmente como «corresponsables» del ser y actuar de la Iglesia, favoreciendo la consolidación de un laicado maduro y comprometido . Es tarea de ese clero y, en particular, de los sacerdotes, ser los primeros promotores del discipulado y la misión y los primeros agentes de una auténtica renovación cristiana de la vida del Pueblo de Dios.
18. Aparecida, al referirse a los “nuevos areópagos y centros de decisión” y proponer acciones, favorece en primer la formación de un laicado capaz de actuar como verdadero sujeto eclesial y competente interlocutor entre la Iglesia y la sociedad, y la sociedad y la Iglesia. Enseguida sugiere rescatar el papel del sacerdote como formador de opinión . Ese rescate del laicado como sujeto eclesial es una tarea propia del presbítero, llamado también él a convertirse en verdadero sujeto eclesial, con su identidad y misión propias, convencido de que su ministerio tiene una radical forma comunitaria y que, como tal, debe generar necesariamente espacios de participación y corresponsabilidad para todos los miembros del Pueblo de Dios. La Iglesia del Continente deberá fortalecer y buscar nuevos itinerarios pastorales a fin de hacer real la participación de todos sus fieles, desde las diversas responsabilidades vocacionales y talentos recibidos.
19. Recientemente, en la Carta de convocación del Año Sacerdotal, Benedicto XVI, en vista de una vida espiritual más elevada, vuelve a destacar la necesidad de que los sacerdotes perciban “la nueva primavera que el Espíritu está suscitando en nuestros días en la Iglesia, a la que los Movimientos eclesiales y las nuevas Comunidades han contribuido positivamente”. A este propósito vale la indicación del Decreto Presbyterorum ordinis: “Examinando los espíritus para ver si son de Dios, [los presbíteros] han de descubrir mediante el sentido de la fe los múltiples carismas de los laicos, tanto los humildes como los más altos, reconocerlos con alegría y fomentarlos con empeño”. Dichos dones, que llevan a muchos a una vida espiritual más elevada, pueden hacer bien no sólo a los fieles laicos sino también a los ministros mismos.
20. La conversión de los pastores nos lleva también a vivir y promover una espiritualidad de comunión y participación, “proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades” . A esto debemos agregar la nueva primavera que el Espíritu está suscitando en nuestros días en la Iglesia, a la que los Movimientos y nuevas Comunidades han contribuido positivamente” y que llevan a muchos a una vida espiritual más elevada y pueden hacer mucho bien también a los sacerdotes. Para ello se requiere conversión pastoral, actitud de apertura, de diálogo y disponibilidad para promover la corresponsabilidad y participación efectiva de todos los fieles en la vida de las comunidades cristianas .
21. En los aportes de las Conferencias Episcopales a la preparación de Aparecida se habó mucho sobre la necesidad de dar mayor participación a los laicos y a las laicas, en la planificación de las acciones pastorales, particularmente en los ámbitos de decisión, y no sólo en la ejecución de las mismas (cf. ChL, 51) . Entre las conclusiones se dice que “esto exige poner en práctica un cambio de mentalidad, ya pedido en la Conferencia de Santo Domingo (cf. SD, 96), pero cuya asimilación y puesta en práctica aún se muestra muy insuficiente . Esta observación de las conferencias coincide con lo que había dicho el Papa recientemente a la asamblea de la diócesis de Roma.
En consecuencia y como síntesis, podemos decir que:
a) La referencia a Cristo es la clave absolutamente necesaria para la comprensión de las realidades sacerdotales. La identificación con el ministerio conduce a una configuración más plena y única con Jesús Buen Pastor.
b) En el llamado que hace Jesús a sus discípulos hay una precedencia del “estar con él” para poder “ser enviado”. La relación directa de “estar con Jesucristo” configura la identidad del sacerdote identificado con su ministerio, para “ser enviado por él”. Por ello, los binomios correlativos: identidad misionera; discípulo misionero; comunión misionera…, son un don del encuentro con Cristo y sólo maduran en la amistad con él.
c) El Año Sacerdotal es un tiempo providencial para colaborar en la renovación espiritual de la identidad y misión del sacerdote, a fin de que confluyan cada vez más en él su configuración con Cristo y su identificación con el ministerio.
d) Esa renovación espiritual deberá llevar a la conversión pastoral y a un cambio de mentalidad ante todo del sacerdote, como primer portador del impulso misionero.
e) Expresión pastoral de esa renovación y conversión espiritual, será la corresponsabilidad de los fieles laicos y pastores en la preparación y seguimiento de la misión continental.

Corrientes, 20 de julio de 2009

Se reúnen en Bogotá las directivas del CELAM:


Planeación y reflexión los retos del Consejo Episcopal Latinoamericano durante estos tres días.

Bogotá, D.C. / 21 de julio de 2009. /Por: Departamento de Comunicación CELAM. / Se inició en la capital colombiana la Reunión General de Coordinación del Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM, con el propósito de fijar la planificación para el segundo bienio que concluye en mayo de 20011, según lo propuesto por el Plan Global 2007-20011, a la luz de Aparecida y el gran desafío de la Misión Continental impulsada por la misma: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que, en él, los pueblos tengan vida –Yo soy el camino, la verdad y la vida”.
En la homilía de la eucaristía de inauguración de la Reunión, monseñor Aldo Cavalli, Nuncio Apostólico en Colombia, se refirió a tres temas en los cuales la iglesia católica del mundo reflexiona durante este año señalado por el Papa Benedicto XVI como “año sacerdotal”, en conmemoración de los 150 años de nacimiento del Juan María Vianey, el “Santo Cura de Ars”
1. La Identidad, -recordó el Nuncio Apostólico- nos hace ser conscientes de que el sacerdote es un hombre de Dios.
2. El método, no es el pecador quien busca a Dios; es Dios quien sale al encuentro del pecador y el sacerdote es un instrumento para buscar los pecadores y llevarlos a Dios
3. El estilo, el sacerdote como hombre de Dios asume el estilo de vida de Jesús, está asociado al misterio de la cruz.
En esta Reunión General de Coordinación del Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM, que finaliza el jueves, participan El Presidente del CELAM, los presidentes de los departamentos, los obispos responsables de las secciones, del Comité Económico y de los Centros y secretarios de 22 países de América Latina y el Caribe.

miércoles, 8 de julio de 2009

Caritas in veritate

Su santidad Benedicto XVI, presentó la Encíclica “Caritas in Veritate” sobre “sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad”
La nueva encíclica “Caritas in Veritate” del Papa Benedicto XVI, es la tercera de su pontificado. antes había presentado: Deus caritas est (25 de diciembre de 2005) y Spe salvi (30 de noviembre de 2007).

Nuestros lectors pueden acceder al documentocompleto de la encíclica en el siguiente vínculo:

Caritas in veritate (29 de junio de 2009)
[Alemán, Español, Francés, Inglés, Italiano, Polaco, Portugués]